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Liderazgo y equipos

El culpable de los martes

19 de septiembre de 2026

El equipo llevaba tres sprints sin entregar nada y yo culpaba a la técnica. El problema no era el código: era mi incapacidad para mantener una decisión firme frente a la presión del negocio.

El culpable de los martes
Foto de Austin Distel en Unsplash

El equipo llevaba tres sprints sin terminar nada, las tareas se acumulaban en el tablero y yo estaba convencido de que el problema estaba en la técnica.

En mi cabeza, el equipo necesitaba más disciplina para cerrar los tickets: me senté en la retrospectiva con la intención de exigir explicaciones sobre el incumplimiento.

La retrospectiva

El ambiente en la reunión era de derrota, pero antes de que yo pudiera empezar mi discurso sobre la eficiencia, alguien levantó la mano y dijo la verdad.

El problema no es que no sepamos cuánto tardamos: es que tú cambias la prioridad cada martes y nos rompes el ritmo.
Un integrante del equipo

Mi primera reacción fue defenderme, pasé diez minutos explicando la velocidad del mercado y por qué el negocio necesitaba que fuéramos ágiles.

Luego me callé y escuché: tenían razón, mi ansiedad por responder a cada correo y mensaje estaba matando la capacidad de ejecución del grupo.

El alcance bajo llave

Decidimos poner una regla radical y congelar el alcance del sprint: una vez que el ciclo arrancaba, no entraba absolutamente nada nuevo.

El primer mes fue muy incómodo, tuve que decirle a un cliente importante que su urgencia tendría que esperar dos semanas y sentí que estaba fallando como consultor.

El mundo no se acabó, el cliente aceptó la fecha y el equipo pudo trabajar sin interrupciones por primera vez en meses.

El salto en los resultados

Los resultados fueron inmediatos, la velocidad del equipo pasó de 18 a 31 puntos en apenas dos sprints.

No contratamos a nadie más ni cambiamos el lenguaje de programación: simplemente dejamos de estorbarnos.

Descubrí que proteger al equipo de mis propias ocurrencias era más productivo que cualquier metodología: la tecnología casi nunca es el problema real.

¿Estás revisando la capacidad técnica de tu equipo o estás revisando tu propia incapacidad para mantener una decisión firme?

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